martes, 8 de marzo de 2011

Métodos y publicaciones orientadas a la sistematización del aprendizaje

La aproximación al mundo de la guitarra a través de métodos y publicaciones didácticas constituye, cada día más, una alternativa para todos los que, bien por falta de medios económicos o de tiempo, no pueden asistir a clases con la regularidad más recomendable. Tras observar lo que el mercado da de sí, ofrezco con este reportaje una pequeña pero significativa muestra de las posibilidades que tienes tanto para iniciarte en el mundo de las seis cuerdas como para perfeccionar tu técnica y aumentar tus conocimientos. Por Manuel Álvarez Ugarte

Paco de Lucía
Todo el que ha tenido la fortuna de aprender a tocar con uno o varios profesores sabe de sobra que no hay nada como tener a quien consultar sobre las dificultades a las que nos enfrentamos a cada paso que damos. Que un maestro pueda seguir de cerca el proceso de formación de un instrumentista es, en la mayoría de los casos, algo objetivamente valioso. Pero también es cierto que no siempre las circunstancias personales de aquel que decide estudiar permiten que el acceso a la información -que afortunadamente en estos tiempos abunda- se dé a través del contacto alumno-profesor. Una cosa está clara: formarse es lo mejor que podemos hacer por nosotros mismos; ahora, de qué manera ya es otro tema. El mundo está lleno de excelentes músicos, magníficos instrumentistas cuya escuela fue la vida. Y no hace falta ir muy lejos para comprobarlo: Andrés Segovia o Paco de Lucía, por ejemplo, son aquí dos buenos paradigmas de que el camino de la autodidáctica no es necesariamente peor que el de los programas académicos. Sin embargo, no podemos evitar hacernos la siguiente pregunta: y si en vez de estudiar solos lo hubieran hecho siguiendo paso a paso una carrera hasta el final, serían mejores músicos? La respuesta, imposible de conocer, al menos para nosotros, nos deja sin embargo un atisbo de reflexión y anima a una segunda: no será que lo verdaderamente importante no es hacer carrera, sino saber aquello que necesitamos para poder poner en práctica eso que tanto deseamos? El deseo por delante, que no se nos olvide.

La escuela clásica
Si tu interés pasa por la guitarra clásica, lo más apropiado es una aproximación a través de los mecanismos técnicos pero sin olvidar que lo que realmente buscamos es que de la guitarra salgan, además de ejercicios, músicas. El maestro uruguayo Abel Carlevaro publicó a mediados de los años 60 una serie de libros que, bajo los títulos Serie didáctica; Escuela de guitarra, exposición de la teoría instrumental; Guitar Masterclasses y Microestudios, dan buena cuenta de su interés por organizar de forma sistemática una aproximación lógica y directamente vinculada al material sensible del que se nutre nuestro tema central: la música. El método Carlevaro, por llamarlo de alguna forma, aunque tiene muchos partidarios en todo el mundo, es apenas uno de los numerosos que vieron la luz desde que comenzaron a escribirse tratados de estas características. Por qué empezar entonces hablando de éste y no de otros más antiguos? La respuesta es simple: con independencia de la opinión del que suscribe, evidentemente buena hacia el trabajo de Carlevaro, su labor pedagógica es posiblemente el más puro fruto de la observación y sus conclusiones, la de una vida dedicada activamente al arte de la ejecución del instrumento. Su método fue el final de un camino, no el principio, fue natural y necesario. Carlevaro se empeñó en catalogar los problemas de los guitarristas clásicos para encontrar a todos una solución si no definitiva, al menos duradera. Así, situaciones comunes a una gran mayoría, como la fatiga, la excesiva tensión en ambas manos con su consecuente rigidez o los dolores lumbares fueron resueltas y bien expuestas en sus libros tras observar minuciosamente, entre otros, a los guitarristas populares que en el Montevideo de su juventud trabajaban largas noches sin descanso acompañando a cantantes en bares y tabernas. Cada paso es esencialmente mecánico pero también musical, de hecho, los Microestudios son un verdadero compendio del material del que se nutre la Serie Didáctica además de músicas delicadas e inspiradas.

Fernando Sor
Por un camino parecido transitó unos ciento cincuenta años antes que Abel Carlevaro uno de los más prestigiosos intérpretes y compositores de la música española para guitarra: Fernando Sor. En 1830 se publica en París su Méthode pour la Guitare, que al igual que el de su homólogo de ultramar resume las experiencias de toda una vida dedicada a la interpretación. La enorme diferencia entre Sor y Carlevaro radica principalmente en el tiempo que le tocó vivir a cada uno. En la época de Sor, la guitarra no sólo no gozaba del prestigio conquistado a partir de la era de Andrés Segovia. Eran momentos incipientes para el instrumento, casi no había repertorio y los grandes compositores la ignoraban. Sin embargo, podríamos considerar al método de Sor quizá como la primera tentativa seria de trabajo con sistema. Del mismo modo, en el Madrid de 1843 Dionisio Aguado, amigo, maestro y compañero de aventuras musicales de Fernando Sor, publica el celebrado Nuevo método para guitarra, obra pedagógica de culto entre todas las dedicadas al instrumento por su carácter metódico y científico, para la que el propio Aguado, en 1849, escribiera un apéndice que, de acuerdo a su voluntad, fuera publicado tras su fallecimiento en diciembre del citado año. 

Por supuesto que antes y después, pero muy especialmente después, el mundo entero, volcado ya a la guitarra debido a su creciente popularidad, dio a los mercados editorial y educativo un sinnúmero de trabajos dedicados a estos propósitos. Como el lector podrá comprender, es tal la cantidad de métodos escritos para la guitarra que por exclusivas razones de espacio hablaremos de apenas algunos que, bien por su trascendencia, su originalidad o algún aspecto destacable, han ocupado a lo largo de la historia la atención de miles de guitarristas.

Francisco Tárrega Eixea
España fue en un comienzo el centro de atención en esta materia, su estatus de cuna del instrumento junto a la enorme cantidad de excelentes intérpretes y compositores dio lugar al nacimiento de una verdadera escuela del tañido.
Aunque la línea histórica señala a Julián Arcas y a Francisco Tárrega como los continuadores más significativos del trabajo iniciado por Sor y Aguado, sería recién Daniel Fortea, discípulo de Tárrega, quien diera una auténtica vuelta de tuerca a la escuela guitarrística española. En 1921 se edita en Madrid su Método de Guitarra, publicación que aparece a sus 39 años, tras haber dedicado más de la mitad de su vida a la docencia y a la publicación de su famosa Biblioteca Fortea, boletín informativo dedicado al instrumento que alcanzó gran popularidad dentro y fuera de España y que llegaría a tener categoría de revista. Nueve años después, en 1930, se publican en Buenos Aires, Argentina, los dos primeros volúmenes de la Escuela Razonada de Guitarra, obra didáctica escrita por el maestro leridano Emilio Pujol, que alcanzará una calurosa acogida en el ámbito académico universal.

Edición italiana de "Las segundas
lecciones de guitarra", de Julio Sagreras
Con los viajes de Emilio Pujol, Miguel Llobet, Domingo Prat y Andrés Segovia se inicia, a principios del siglo XX, una relación España-Latinoamérica que impulsaría a la guitarra en el continente y a su vez daría lugar al nacimiento de toda una pléyade de guitarristas clásicos y populares sin igual. Se refuerza la tradición guitarrística ya existente y nacen nuevos enfoques para la escuela de guitarra desde América del Sur.
Además del citado método del uruguayo Carlevaro, el argentino Julio Salvador Sagreras publica a principios del siglo XX su serie de libros Las lecciones de guitarra que del primero al sexto volumen abarcan, por medio de ejercicios y pequeños estudios de inspiración folclórica, diferentes facetas del aprendizaje. El método de Sagreras, que al igual que el de Carlevaro se mantiene vigente en numerosos centros de enseñanza, tiene un séptimo volumen que, bajo el título Técnica superior de guitarra, se centra en los mecanismos más complejos y avanzados de la técnica clásica. Mario Rodríguez Arenas haría lo propio publicando a través de la Editorial Ricordi Americana los siete volúmenes de su Escuela de guitarra (Buenos Aires, 1924) obra que, como la de Sagreras, es aún hoy empleada en conservatorios y academias del mundo entero.

La contribución de los guitarristas y compositores latinoamericanos abrió un amplio horizonte de posibilidades para la guitarra española, incluso en los casos de aquellos que no consagraron su actividad a la docencia. Casi todos contribuyeron, con estudios o piezas didácticas al desarrollo de la técnica del instrumento. Ahí están los Doce estudios y Cinco preludios para guitarra del brasileño Heitor Villa-Lobos y las numerosas piezas didácticas del paraguayo Agustín Barrios Mangoré, por todos sobradamente conocido por su inspirada y amplia producción de obras para la guitarra. Pero acaso fue el cubano Leo Brouwer quien entre 1960 y 1971 dio el paso que marcaría una inflexión en el concepto expresivo de la guitarra clásica, aproximándola al lenguaje de la música contemporánea. Sus Estudios sencillos y Estudios en sonoridades son, además de un acercamiento a su propia producción compositiva, una novedosa y creativa visión donde lo clásico, popular y contemporáneo conviven de manera natural y divertida. Desde entonces, los programas oficiales de los conservatorios los incluyen entre las lecturas obligadas.

En la actualidad el número de métodos publicados es, además de descomunal, variado en procedencias. Y aunque sea injusto no escribir sobre todo lo que el mercado ofrece, os animamos, además de echar un vistazo a todos los comentados, que por cierto son fáciles de conseguir en las tiendas especializadas, a conocer trabajos más recientes como los de Ricardo Barceló: Adiestramiento técnico para guitarristas y La digitación guitarrística, el vídeo La guitarra clásica, del argentino Jorge Cardoso, tanto como los volúmenes 1 y 2 de la Escuela de guitarra, del español Tomás Camacho.

Músicas populares en la guitarra
Desde el momento en que algunos músicos populares se propusieron transmitir sus conocimientos de manera sistemática, sin darse cuenta crearon el primer antecedente pedagógico para un arte que desde el principio de la historia de los pueblos de explicó a sí mismo. Y no importa de qué género popular hablemos, da lo mismo blues que flamenco, jazz, tango, fado o música sefardí. Los géneros populares nacen de las entrañas de los pueblos y su carácter comunicativo es intrínseco a ellos. Se han transmitido históricamente de generación en generación incluso antes de que fuera posible contar con el uso del lenguaje musical tal y como lo entendemos hoy día. Pero también es cierto que conforme pasa el tiempo y los cambios en los tejidos sociales se suceden, nuevas tendencias florecen. Personalmente no creo que esté mal aproximarse a una música a través de un método, pero sí que el único contacto que se tenga con ella sea el razonado. Vivir la música popular es entenderla, servirse de material de estudio para profundizar en ella, una consecuencia directa de la necesidad de querer ver un poco más allá de lo que los géneros dan de sí.

Es llamativo que uno de los libros más comprados en todo el mundo, y no sólo por guitarristas, sea el famoso The real book, una suerte de Biblia del jazz que se renueva año tras año y contiene los standards y baladas más conocidas del mundo occidental. El motivo quizá lo encontremos en el hecho de que la información de estas publicaciones aparezca codificada de una manera extremadamente simple (melodía escrita con acordes encima) algo que dentro del jazz y las músicas cercanas pareciera ser una declaración de principios. Para la escuela jazzista es toda una referencia porque sintetiza la esencia de un arte en constante desarrollo, donde los conocimientos del lenguaje de improvisación y la armonía –ABC del género- no requieren más información escrita que la del tándem “melodía-acordes”, porque el resto ya ha sido anteriormente interiorizado. Con todo, la cantidad de métodos y libros dedicados al aprendizaje del jazz en la guitarra también es enorme, no hay más que echar un vistazo a una tienda de música o navegar un rato por Internet para comprobarlo.

Algo parecido comenzó a ocurrir aquí desde mediados de los años 60 con el flamenco, el más universal de los folclores de España. El abordaje de la técnica guitarrística, que hasta entonces había sido enseñada y aprendida de forma mayormente empírica, empezó a dar a luz varias publicaciones que, desde trascripciones de piezas flamencas hasta métodos, constituyeron la primera oferta didáctica del arte jondo. La guitarra flamenca, escrito en 1973 por el valenciano Juan Grecos es un buen ejemplo de las intenciones de la época. Del mismo modo es destacable la labor pedagógica de los guitarristas flamencos Jorge Berges y Óscar Herrero, quienes con sus respectivas publicaciones aportaron una nueva alternativa al incipiente mundo del flamenco razonado.

Joe Pass
El Audiovisual, la nueva herramienta
En los últimos veinte años y con el advenimiento de las nuevas tecnologías, el formato audiovisual contribuyó a otorgar un mayor dinamismo a las publicaciones con fines didácticos. Personalmente, en El violero abogamos por lo audiovisual. Creemos firmemente que es lo más cercano a una clase presencial. Así pareciera, lo entendieron los músicos de jazz, pragmáticos, ya que fueron de los primeros en ofrecer productos audiovisuales educativos. El vídeo Jazz Lines del guitarrista Joe Pass es una significativa muestra de lo que la imagen de toda una institución del género es capaz de ofrecer al alumno en un cara a cara virtual.
La editorial Carisch, siempre preocupada por ofrecer publicaciones de calidad, nos proporcionó algunas de sus interesantes obras en formato libro-audio y libro-audiovisual que os recomendamos especialmente: la serie Guitarra Blues en sus tres ediciones “Inicio”; “Intermedio” y “Master”, ofrece un panorama divertido y riguroso, que hace especial hincapié en la importancia de escuchar música para entenderla.

También, el método de guitarra por tablatura, que para los más principiantes anima –contrariamente a lo que podría intuirse por su título- a no seguir peleado con la escritura musical. Se trata de que conforme se avanza, también se relacione la información semipentagrámica (tablatura) con la pentagrámica. Del mismo modo, y para los más peques, Tocamos la Guitarra, del italiano Roberto Fabbri resulta una agradable y lúdica introducción al mundo de la guitarra y el lenguaje musical.
Para los interesados en introducirse por los vericuetos del lenguaje de las cuerdas de acero, aunque las opciones también son muchas y muy variadas, en el terreno acústico es interesante la aproximación que ofrece el francés Julio Faber con su DVD Iniciación a la guitarra acústica; excelente el método audiovisual completo del guitarrista norteamericano Robben Ford; el de nuestro amigo José Luis Arrazola -faltaría más- y el trabajo orientado a la guitarra rítmica de Terence ElliotRock Rythm.       
  
Real Conservatorio Superior de Madrid
Oficialmente hablando
Si de estudiar guitarra u otro instrumento en un conservatorio se trata, has de saber que en la música, al igual que en la danza, se pueden distinguir dos niveles: las enseñanzas que conducen a una titulación oficial y aquellas que atienden las necesidades de los aficionados que no pretenden una finalidad profesional. En cuanto a las primeras, están orientadas a la cualificación de profesionales y se estructuran en tres grados: elemental, medio y superior. Las principales salidas profesionales para quienes cursen estos estudios comprenden los ámbitos de la interpretación, la docencia, la creación y la investigación.

El Grado Elemental
La duración de los estudios de Grado Elemental es de cuatro años y los requisitos de ingreso a estas enseñanzas son determinados por las administraciones educativas, obteniendo al finalizar un certificado que acredita haber alcanzado los objetivos del currículo. Las especialidades de este grado son: acordeón, arpa, clarinete, clave, contrabajo, fagot, flauta de pico, flauta travesera, guitarra, instrumentos de púa, oboe, percusión, piano, saxofón, trombón, trompa, trompeta, tuba, violonchelo, viola, viola da gamba y violín.

El Grado Medio
La duración del Grado Medio es de seis años, divididos en tres cursos cada uno y el ingreso a los cursos se realiza mediante la superación de una prueba de acceso. Las especialidades son: acordeón, arpa, canto, clarinete, clave, contrabajo, fagot, flauta de pico, flauta travesera, guitarra, instrumentos de cuerda pulsada del renacimiento y barroco, instrumentos de púa, oboe, órgano, percusión, piano, saxofón, trombón, trompa, trompeta, tuba, violonchelo, viola, viola da gamba y violín. Al finalizar estos estudios se obtiene un título profesional en el que se especifica la especialidad cursada.

El Grado Superior
La duración del Grado Superior de Música es de cuatro años para las especialidades instrumentales y de cinco para las de composición, dirección coral y dirección de orquesta. Los requisitos para el acceso a estas enseñanzas son: estar en posesión del título de Bachillerato LOGSE (o equivalente) o tener aprobado el tercer ciclo del Grado Medio y la superación de una prueba de acceso. En caso de no cumplir con estos requerimientos, el ingreso se hará a través de la superación de una prueba específica. Las especialidades del Grado Superior son las mismas que posee el Grado Medio, añadiéndose las de dirección coral, dirección de orquesta, etnomusicología, flamenco (guitarra flamenca y flamencología), instrumentos de música antigua, instrumentos de música tradicional y popular, jazz, musicología, pedagogía del canto, pedagogía de las especialidades instrumentales y pedagogía del lenguaje y educación musical. El título que se obtiene al finalizar los estudios de Grado Superior es equivalente a todos los efectos al de graduado universitario según el actual Proceso de Bologna.

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